¿Quién Paga el Precio?
¿Cuándo fue la última vez que fue al supermercado? Probablemente usó un carrito de compras. Al terminar sus compras, ¿dónde lo dejó? Parece una pregunta sencilla, pero la respuesta es más compleja de lo que podría imaginar.
Era un día ventoso cuando Z salió del supermercado. Después de colocar las compras en el auto, devolvió el carrito al área designada cuando algo la golpeó con fuerza y la derribó al suelo. Era un carrito de compras que un cliente apurado había dejado en el estacionamiento. Z buscó sus lentes y se dio cuenta de que se habían roto con la caída. ¿Quién paga el precio?
Ese mismo día, R, quien acababa de recoger su auto nuevo, se detuvo a comprar alimentos antes de ir a casa. Cuando regresó, encontró una abolladura en la puerta del conductor, causada por un carrito de compras que alguien había dejado atrás porque no quería mojarse bajo la lluvia. ¿Quién paga el precio?
En otro día ventoso, B, de 82 años, se detuvo en el supermercado para comprar flores de aniversario para su pareja. B fue golpeado por un carrito abandonado por alguien que consideraba que devolverlo no era su responsabilidad y que estaba "ayudando a mantener empleado a alguien para que lo hiciera". B perdió el equilibrio, cayó y se golpeó la cabeza contra un vehículo cercano. Perdió el conocimiento y, horas después, la vida. ¿Quién paga el precio? ¿Existe algún seguro capaz de retroceder el tiempo y devolverle la vida a alguien?
¡Pero solo era un carrito de compras!
Si pensamos de esa manera, estamos atribuyendo la responsabilidad a un objeto con ruedas. La verdad incómoda es que, en cada una de estas situaciones, un ser humano tomó una decisión que afectó la vida de otra persona.
Un carrito de compras puede decir más sobre nosotros de lo que imaginamos. Podemos decir: "No era mi intención que el carrito golpeara a nadie". La verdad es que otra persona puede terminar pagando el precio de nuestras decisiones, que pueden desencadenar una serie de acontecimientos con consecuencias impredecibles.
En estas historias, el objeto que causó daño fue un carrito de compras. Pero, así como podemos normalizar pequeños actos cotidianos sin considerar su impacto, con frecuencia pasamos por alto comportamientos perjudiciales en nuestras relaciones: una palabra utilizada para humillar, una amenaza, una agresión física o el control sobre el dinero, el teléfono, las amistades o las decisiones de alguien. Cuando se repiten y normalizan, estos comportamientos pueden dejar profundas cicatrices y destruir relaciones. ¿Quién paga el precio? A menudo, son nuestros hijos, parejas, amigos u otra persona quienes terminan siendo "atropellados" por el comportamiento de alguien más.
¿Quién tiene el control del carrito de compras? La persona que lo empuja. Cada uno de nosotros es responsable de sus decisiones y de reconocer cómo estas pueden afectar a los demás. Romper el ciclo del daño comienza con la autoconciencia. Al educarnos a nosotros mismos, a nuestros hijos y a nuestras comunidades, aprendemos a reconocer los comportamientos perjudiciales en lugar de normalizarlos. Podemos enseñar responsabilidad, empatía, respeto y la importancia de considerar cómo nuestras decisiones afectan a los demás.
Si reconoce estos comportamientos en su relación o en la relación de alguien que conoce, hay apoyo disponible. Hable con alguien que lo escuche sin juzgar. El Center for Empowerment and Education (CEE) cuenta con líneas telefónicas confidenciales disponibles las 24 horas del día, los siete días de la semana: Violencia Doméstica: (203) 731-5206; Violencia Sexual: (203) 731-5204. Para programar una sesión de consejería, llame al (203) 731-5200.