La Cultura de Culpar a la Víctima: Una Conversación que Nuestra Comunidad Necesita

Por Cristina Cabral, Manager of Community Impact

En muchas comunidades, las conversaciones sobre agresión sexual suelen estar rodeadas de silencio, incomodidad y malentendidos. Uno de los patrones más dañinos y repetitivos que observamos es la cultura de culpar a la víctima. Culpar a la víctima ocurre cuando el enfoque se desplaza de la persona que causó el daño a la persona que lo experimentó. Preguntas como “¿Por qué estabas allí?” “¿Qué estabas usando?” o “¿Por qué no dijiste no?” pueden parecer inofensivas para algunos, pero quitan la responsabilidad del agresor y la colocan en la víctima.

En algunas comunidades, valores como la unidad familiar y la protección de la reputación son profundamente importantes. Sin embargo, estos mismos valores a veces pueden dificultar que los sobrevivientes hablen. El miedo al juicio, a traer vergüenza a la familia o a no ser creídos puede llevar a muchos a permanecer en silencio o a retrasar la búsqueda de ayuda. Cuando los sobrevivientes experimentan trauma sin apoyo, esto puede llevarlos a mecanismos de afrontamiento dañinos, como el consumo de sustancias, comportamientos de riesgo o incluso pensamientos o intentos suicidas. Pueden comenzar a cuestionarse a sí mismos, sentir culpa o vergüenza y cargar con el peso de la experiencia solos. Culpar a la víctima no solo profundiza este daño, sino que también impide que otras personas hablen, permitiendo que los comportamientos abusivos continúen sin ser cuestionados.

Abril es el Mes de Concientización sobre la Agresión Sexual (SAAM). Es una oportunidad para reflexionar sobre cómo nuestras palabras y acciones pueden contribuir a una cultura de culpa o a una cultura de apoyo. También nos recuerda la importancia de comprender el consentimiento. El consentimiento debe darse de forma libre, informada y entusiasta. No puede asumirse, presionarse, manipularse ni darse bajo la influencia de sustancias o del miedo. El silencio no significa consentimiento, y una persona tiene derecho a cambiar de opinión en cualquier momento. Cuando comprendemos y respetamos el consentimiento, ayudamos a prevenir el daño y a promover relaciones más saludables y seguras.

Muchas personas se preguntan por qué los sobrevivientes no reportan las agresiones sexuales de inmediato, o incluso no lo hacen en absoluto. La realidad es que los sobrevivientes pueden temer represalias o no ser creídos, sentirse emocionalmente abrumados o depender de la persona que les causó daño. Algunos pueden no comprender completamente lo que ocurrió. El retraso en reportar o el silencio no significa que la agresión no haya ocurrido; refleja la complejidad del trauma. La mayoría de las agresiones sexuales son cometidas por alguien que la víctima conoce, como un amigo, pareja, familiar o conocido. Este hecho puede hacer aún más difícil que los sobrevivientes hablen, especialmente cuando hay relaciones o vínculos familiares de por medio.

Es esencial cambiar la forma en que respondemos a la agresión sexual. Nunca es culpa de la víctima. La responsabilidad siempre recae en la persona que causó el daño. Cuando alguien comparte su experiencia, trate de escuchar sin juzgar. Créale. Ofrezca apoyo con palabras simples, como “Estoy aquí para ti” y “Esto no es tu culpa.”

Para muchas personas en nuestra comunidad, barreras adicionales como el idioma, el estatus migratorio o la falta de información sobre los recursos disponibles pueden dificultar la búsqueda de ayuda. Sepa que no está solo y que hay ayuda disponible. El Center for Empowerment and Education (CEE) ofrece servicios multilingües, gratuitos y confidenciales, incluyendo consejería individual, grupos de apoyo, defensa y educación preventiva.

Si usted o alguien que conoce está experimentando violencia interpersonal, hay ayuda disponible las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Llame a la línea directa gratuita y confidencial de CEE al (203) 731-5206.