De Regreso a Casa: El Otro Lado de la Inmigración — Capítulo 4

Por Jhonnathas Trindade

A los 42 años, una brasileña de la región metropolitana de São Paulo decidió poner fin a su experi-encia de dos años en Estados Unidos antes de recibir una respuesta definitiva sobre su solicitud de asilo político. La mujer pidió mantener su identidad en reserva para este artículo.
A diferencia de Mariza da Silva Leandro, del capítulo anterior, quien regresó a Brasil después de ser detenida por las autoridades migratorias estadounidenses, ella decidió volver voluntariamente, ante el temor de no obtener autorización para permanecer en el país.
Su decisión estuvo influenciada por el endurecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos. Por miedo a enfrentar dificultades para permanecer en territorio estadounidense, optó por salir voluntariamente mientras su solicitud de asilo seguía en trámite.
"Tuve miedo de quedarme allá y que, de repente, no me concedieran el asilo. Preferí regresar antes de que la situación se complicara", relata.
La brasileña llegó a Estados Unidos con una visa de turista y, pocos meses después, solicitó asilo político. Primero vivió en Florida, donde trabajó limpiando casas. Mientras esperaba una respuesta de las autoridades, se mudó a Nueva Jersey. Al no lograr adaptarse a la región, se trasladó a Geor-gia, donde permaneció hasta decidir regresar a Brasil.
La solicitud de asilo es un mecanismo de protección destinado a personas que temen sufrir perse-cución en su país de origen por motivos de raza, religión, nacionalidad, opinión política o pertenen-cia a determinado grupo social. En Estados Unidos, la solicitud generalmente se presenta mediante el formulario I-589 y es evaluada por las autoridades migratorias. Presentarla no garantiza la con-cesión del asilo: el caso debe cumplir los requisitos establecidos por la legislación estadounidense.
La espera de una decisión puede prolongarse y el resultado depende de la evaluación individual de cada caso. En el caso de esta brasileña, el proceso aún no había concluido cuando decidió aban-donar el país.
"Fueron dos años de muchos cambios e incertidumbres. Uno va a otro país pensando en construir una vida, pero llega un momento en que debe evaluar si vale la pena continuar o si es mejor re-gresar", relata.
La salida voluntaria, por su parte, puede realizarse de distintas maneras. Una de ellas es el pro-grama de autodeportación del gobierno estadounidense, gestionado mediante la aplicación CBP Home. Esta herramienta permite que los inmigrantes en situación migratoria irregular informen su intención de salir de Estados Unidos y, si cumplen los requisitos establecidos, puedan recibir asis-tencia para organizar su regreso al país de origen, incluido apoyo para el viaje y ayuda económica.
De regreso en Brasil, la mujer retomó su rutina anterior al viaje. Volvió a su empleo, se reunió nue-vamente con su familia e intenta reorganizar su vida después de dos años en el extranjero.
"Hoy estoy cerca de mi familia y volví a trabajar. Es bueno poder retomar mi vida aquí, incluso después de todo lo que pasó", afirma.
Su experiencia muestra otro lado del retorno migratorio. Mientras Mariza, oriunda de Divino das Laranjeiras, una pequeña ciudad del estado brasileño de Minas Gerais, intenta reconstruir su vida sin perder la esperanza de reencontrarse con su esposo en Estados Unidos, esta mujer regresó a una región densamente poblada, donde ya tenía vínculos familiares y laborales que formaban parte de su historia.
Sus trayectorias son diferentes, pero ambas muestran cómo la incertidumbre migratoria puede cam-biar los planes y obligar a los brasileños a reconsiderar su futuro lejos del país donde buscaron nuevas oportunidades.